Llegadas las vacaciones, los arraigados a este acogedor municipio aprovechan para venir a descansar de su vida en la ciudad
La vida en un pueblo siempre ha sido popularmente envidiada en muchas ocasiones por aquellos que tienen su residencia en una gran ciudad, por su tranquilidad, paz, cercanía… Así como los que vivimos en un pueblo nos gustaría vivir en la gran urbe, bien por condiciones laborales, prácticas o cualquier otra circunstancia. Por eso, entre pueblerinos y ciudadanos anda el juego… hasta que llega el verano, donde ambos llegan a una clara conclusión: como en el pueblo, en ningún sitio.
Y es que ya lo decía Estopa en aquella canción tan bien titulada ‘Vacaciones’: «y si la cosa se tuerce, pues nos cogemos y nos vamos p’al pueblo…». Unas semanas que sirven para recargar pilas, disfrutar de la compañía de la gente con quien en el resto del año no podemos estar, rememorar anécdotas y, por qué no, crear nuevos momentos, de esos que se suele decir: «si esas paredes hablasen…», que quedan para la eternidad entre chismorreos y cervezas.
Uno de estos lugares entrañables es Fuente Olmedo, un pequeño municipio satélite de Olmedo situado a menos de 9km. Pueblo al que quien escribe estas líneas tiene el orgullo de poseer raíces por parte de su bisabuelo, D° Pepe Minguela, quien fuera alcalde durante muchos años, y de su abuela paterna, Dña. Araceli Minguela. Por ello quizá aumenta el cariño y el sentimiento por escribir sobre este maravilloso pueblo.

La vida en Fuente Olmedo desde septiembre a mayo es más bien engañosa, y es que los 40 habitantes censados no son proporcionales a su actividad. La esencia del pueblo reside en que son todos una gran familia, y por ello es habitual compartir postres y refrescos cada vez que alguien cumple años, o las habituales parladas vecinales siempre que el tiempo acompaña. No es un pueblo grande, pero para sus habitantes esa tranquilidad vale mucho más que cualquier otra cosa.
Sin embargo, de junio hasta agosto, la historia cambia radicalmente. Los arraigados al pueblo bajan desde Valladolid, Madrid o Bilbao, entre otras ciudades, y aportan un enfoque diferente al pueblo, pero que marca la diferencia durante el verano. Es habitual encontrarte a ‘los de siempre’ compartiendo momentos y vivencias entre risas y cervezas con el pilón como testigo, ese que ‘acoge’ y bautiza en Santa Brígida, patrona del pueblo, a fuente-olmedanos y a quien de buena gana viene a mimetizarse en un ambiente tan sano como este.
Y es precisamente en Santa Brígida, el último fin de semana de julio, cuando se da rienda suelta a la fiesta y diversión. Con un bar en el ayuntamiento, discomovida nocturna y cenas populares, propios y extraños disfrutan de las fiestas de un pueblo que esconde recuerdos, sentimientos y momentos únicos, que ponen al descubierto la magia de Fuente Olmedo: donde el cuerpo se cansa, y la mente descansa.

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